|
|
EL
TRAJE POPULAR DE PORTUGAL Y DE GALICIA
Autor:
Publicado en la revista "Vida Gallega"
2ª época Nº 740, Lugo 1959
Fonte: "Etnografía y Folklore
de Galicia" - Fermín Bouza-Brey - Edicións Xerais de
Galicia (1982) Preparado por José Luis Bouza Álvarez sobre
articulos del autor.
Notas:
Entre las notas etnográficas comunes a Galicia y Portugal que
superviven a través de la artificial frontera politica, recordando
como una misma la gente que ocupa el territorio de la Galicia histórica
extendida hasta el Duero, se encuentra la indumentaria popular.
Históricarnente hallamos las primeras referencias al traje de
los galaicos en la "Geographica" de Estrabón, que nos
habla del color oscuro del indumento de los hombres y del brillante, con
adornos florales, de las mujeres. Por las esculturas conservadas, toscas
imágenes de guerreros en duro granito, destinados -a lo que parece-
a servir de estelas funerarias, sabemos que nuestros antepasados de uno
y otro lado del Miño, aparte de enjoyarse con diademas, collares
rígidos, brazaletes, fíbulas y cinturones, y de acompañarse
de armas, como espadas y puñales, y de un escudo defensivo pequeño
y redondo, vestían un sayo cómodo, pues só1o les
llegaba a la mitad del muslo, era escotado y las mangas no alcanzaban
al codo, tejido de lana o de lino, con adornos de losanges, y otros temas
geométricos. Pero este vestido, acaso de combate por su sencillez
que permitía la ligereza de movimientos necesa-ria, se cubría
con un manto... Mas dejemos a los arqueólogos para solazarnos en
el traje actual, es decir, en el traje tradicional del Miño y de
Galicia, en especial del femenino, que viene siendo, desde el siglo XVIII
al menos, el característico de nuestras mujeres, teca preciosa
de su gracia y de su pudor, que permitió durante el baile de la
nuiñeira o del vira dar, con sus faldas amplias y ricas,
aquelas voltas revirandeiras
de que se hizo eco la gran Rosalía.
El traje popular gallego-portugués (pues no es posible desarticular
una zona etnográfica vivamente caracteriza-da ya que no se trata
sino de dos partes de un solo todo) pertenece a una región indumental
llamada "norteña" o "cantábrica", que
se extiende y se corresponde plus minusve con la cinta o diadema verde
que corona la península hispánica, de la cual son lazos
o broches extremos la tierra miñota y la navarra, pasando por la
actual Galicia, Asturias, la Montaña y Vasconia.
Distingue en términos generales al traje popular de la zona norteña
el ser de todos los de la Península el más europeo, el que
tiene paralelos tal vez ancestrales de la orla atlántica, en las
costas de "Normandía, Bretaña, Escocia e Irlanda, por
más de un tema en su compleja sinfonía etnográfica
y folklórica" (L. y N. de Hoyos).
Bien es verdad que cualquiera de los citados países atlánticos
conservan con más amor que Galicia su traje tradicional. Nosotros
hemos visto en Bretaña, en las fiestas populares, lucir las blancas
cofias, cuya variación es tan grande y al mismo tiempo tan concentrados
los tipos en regiones que en algunas romerías, corno en la de Santa
Ana de Auray, se conoce la procedencia de las bellas romeras, departiendo
en grupos tribales, por las particula-ridades de su tocado, mientras que
en nuestra tierra hace mucho tiempo que la bellísima cofia de encajes
ha sido sustituida por el pañuelo y este, a su vez, desterrado
para siempre sin sustituto.
Guardamos una pequeña colección de cofias, salvadas del
escarnio carnavalesco y de la polilla de las viejas huchas, con sus tules
bordados con gallos y flores campestres, rodeando estas por veces una
a manera de custodia o viril de encantadora sencillez primitiva, que no
ornaran más las cabezas de nuestras vírgenes aldeanas de
las que eran gentil aureola. ¡Piezas de museo rarísimas sin
posible revivificación!
Y como la cofia, el delantal negro bordado de abalorio, común a
Bretaña y Galicia, de riqueza y vistosi-dad inigualables, que allí
está en uso y que aquí ha caído en el olvido más
lamentable.
El esquema del traje regional gallego conserva, a pesar de sus ligeras
variantes, una homogeneidad notable.
En el hombre de tierra adentro, a monteira, de lana negra con vivos de
bayeta de color para cubrirse; la almilla de lana blanca o de un color
fuerte; la camisa de lino con botones caseros de hilo; el calzón
de pardomonte con cirolas salientes; los borceguines de lana negra con
vivos de rizo v los zapatos de correa, constituyen la indumen-taria de
a cotío .
La indumentaria de fiesta varía en el más fino, no tan basto,
paño; en más bordada y alta monteira; en el chaleco más
recamado; en las polainas más compuestas y acaso en una faja en
torno a la cintura, con flecos colgando al lado. Puede centrarse este
arquetipo en Santiago y su comarca.
El del hombre de la costa se llega a más graciosos ornamentos personales,
como el del uso de un pendiente de oro en una oreja como era acosturnbrado
por los lobos de mar del viejo Marín.
Si en el Portugal miñoto escogiésemos como tipo clásico
del vestir campesino al aldeano de la cuna de la nación lusa, Guimerãens,
tendríamos un evidente paralelis-mo con el vestido masculino propio
de Galicia, pues allí también luce camisa de linho da terra,
sobre ella chaleco (colete) de peluche y sobre él chaqueta del
mismo género, si bien adornada con alamares de plata; calzones
largos de casimir, oscuros como las otras prendas, y rodeando su cintura
una faja azul con flecos cayendo al lado. Se cubre con sombrero redondo,
con vueltas en torno.
Pero donde la analogía es casi perfecta es en el traje femenino.
Para Galicia escojamos también el tipo com-postelano de la Mahía,
de Tabeirós, de Arzúa.... como más central y con
más prendas de su atavío comunes con otras comarcas gallegas.
Lo pintó Fierros en Ribadeo, lo dibujó Xumetra para la "Galicia
de Murguía", lo diseñó Pradilla en Noya y sus
alrededores... Son trajes de cierta severidad acaso impresa por el ceremonial
de las fiestas solemnes compostelanas.
La blusa blanca de cuello de fino encaje de Camariñas o labrado
por las palilleras de cada casa a las puertas de las viviendas aldeanas,
con puños apretados del mismo adorno sutil; sobre ella el dengue
colorado, bordado con abalorio negro formando bellas combinaciones; la
falda amplia, de color fuerte; el mandil también bordado y atado
atrás con lazo coloreado de largas ramas y, coronando como orla
de espuma la cabeza, la cofia blanca de que atrás hemos hablado.
Poned sobre esto gargantillas Aureas de Padrón o collares de azabache
de Santiago, largos pendientes afiligranados o medallas al pecho, o hebillas
a la cintura de plata rica por su trabajo, y tendréis cl normotipo.
Por comarcas, podéis colocar las variantes del más moderno
pano de oito puntas, de lana con florecillas mil, diminutas y de vivos
colores, o el sombrerete de faena, de paja, con cinta negra en torno a
la pequeña copa y dos caídas, particular de las mujeres
de la ría de Noya.
Es muy conocido cl mantón bordado de las mura-danas, con peinado
de largas trenzas unidas o de una sola hasta la cintura, con pañuelo
de seda de cabeza, bien colocado en ésta, bien atado al cuello.
En el Portugal norteño, que ahora especialmente nos interesa, el
más típico indumento de las mujeres lo constituye la llamada
"moda minhota" con que se conoce al "traje â vianesa",
esto es, al traje de gala de los alrededores de Viana do Castelo. Este
traje, que presenta variedades según las diversas aldeas del concejo
de Viana, surge en las ferias y romerías de la comarca y sus limítrofes,
pleno de gracia y de luz. Los del contorno le llaman más propiamente
"traje à lavradeira".
Tres tipos se distinguen del mismo dos de la costa marina y uno del interior.
Todos los tres presentan líneas comunes con el traje gallego. Constan
de camisa blanca; justillo estrecho, especie de chaleco que no alcanza
siquiera a la cintura; mantón de fleco cruzado sobre el pecho,
de color vivo, amarillo o rojo; saya a listas verticales, delantal bordado,
medias blancas y chinclas.
La saya se diferencia de la de las gallegas en que es de color vivo de
listas y corta, mientras que la nuestra es, de color liso y severo, pardo
o negro, y más larga, También el lienzo o mantón
cruzado sobre el pecho es más ligero y breve que el gallego. No
se conoce la cofia en Portugal del Miño, y el dengue tampoco es
prenda de uso.
El llorado amigo y notable investigador Claudio Basto ha dedicado sabias
páginas a los trajes de la costa (Afife y Carreço, un tipo;
Areosa, otro) así como a los del interior (Portucelo y Perre).
De los trajes "à lavradeira" el más simple es
el de Afife y el más complicado el de Portucelo, pues en este se
distingue el traje "vermelho" y el traje "azul", llamados
asi por el predominio de uno u otro color, especialmente en los delantales,
que son muy bordados con esos colores predominantes, aún cuando
el trate "azul", por veces solamente, vaya acompañado
de algún pequeño detalle de este color, como florecitas,
pues es más bien un traje serio, grave y elegante, mientras que
el "vermelho" es más encendido, más vistoso, más
deslumbrador. Es semejante al traje antiguo de Perre el traje "azul"
de Afife, pero el de Perre es más solemne todavía, ya que
es todo é1 de color oscuro, mejor verdinegro, con mandil de terciopelo
negro y pañuelo rojo y amarillo en la cabeza.
Un detalle es, característico de los trajes portugueses que no
aparece en los gallegos: la "aljibeira" o "faldriquei-ra"
que se lleva a la cintura bordada, generalmente recortada en figura de
corazón.
También difiere el calzado, pues no encontramos en Galicia las
graciosas chineles bordadas de las mozas portuguesas.
Nuestras mujeres también son más parcas en la ornamentaci6n
de joyas, actualmente. No lo eran así en tiempos pasados, no remotos.
En el Miño, Portugal, lucen las mozas verdadera ostentación
en oro y plata. En Galicia, en el siglo XVII, hemos hallado que uno de
los adornos más característicos de nuestras campesinas era
cl "Agnus-Dei" en rnedallón colgado del cuello por gran
cadena de plata. También han caido en desuso los grandes collares
de azabache.
Estudiar al por menor el traje popular gallego actual y del pasado y establecer
comparación con otros europeos es todavía hoy una desiderata
que alguien debe satisfacer en el campo de la Etnografía peninsular.
|
|