Actualizado: 27/05/02

 

 

EL TRAJE POPULAR DE PORTUGAL Y DE GALICIA

Autor: Publicado en la revista "Vida Gallega" 2ª época Nº 740, Lugo 1959
Fonte: "Etnografía y Folklore de Galicia" - Fermín Bouza-Brey - Edicións Xerais de Galicia (1982) Preparado por José Luis Bouza Álvarez sobre articulos del autor.
Notas:

 

Entre las notas etnográficas comunes a Galicia y Portugal que superviven a través de la artificial frontera politica, recordando como una misma la gente que ocupa el territorio de la Galicia histórica extendida hasta el Duero, se encuentra la indumentaria popular.

Históricarnente hallamos las primeras referencias al traje de los galaicos en la "Geographica" de Estrabón, que nos habla del color oscuro del indumento de los hombres y del brillante, con adornos florales, de las mujeres. Por las esculturas conservadas, toscas imágenes de guerreros en duro granito, destinados -a lo que parece- a servir de estelas funerarias, sabemos que nuestros antepasados de uno y otro lado del Miño, aparte de enjoyarse con diademas, collares rígidos, brazaletes, fíbulas y cinturones, y de acompañarse de armas, como espadas y puñales, y de un escudo defensivo pequeño y redondo, vestían un sayo cómodo, pues só1o les llegaba a la mitad del muslo, era escotado y las mangas no alcanzaban al codo, tejido de lana o de lino, con adornos de losanges, y otros temas geométricos. Pero este vestido, acaso de combate por su sencillez que permitía la ligereza de movimientos necesa-ria, se cubría con un manto... Mas dejemos a los arqueólogos para solazarnos en el traje actual, es decir, en el traje tradicional del Miño y de Galicia, en especial del femenino, que viene siendo, desde el siglo XVIII al menos, el característico de nuestras mujeres, teca preciosa de su gracia y de su pudor, que permitió durante el baile de la nuiñeira o del vira dar, con sus faldas amplias y ricas,

aquelas voltas revirandeiras

de que se hizo eco la gran Rosalía.
El traje popular gallego-portugués (pues no es posible desarticular una zona etnográfica vivamente caracteriza-da ya que no se trata sino de dos partes de un solo todo) pertenece a una región indumental llamada "norteña" o "cantábrica", que se extiende y se corresponde plus minusve con la cinta o diadema verde que corona la península hispánica, de la cual son lazos o broches extremos la tierra miñota y la navarra, pasando por la actual Galicia, Asturias, la Montaña y Vasconia.
Distingue en términos generales al traje popular de la zona norteña el ser de todos los de la Península el más europeo, el que tiene paralelos tal vez ancestrales de la orla atlántica, en las costas de "Normandía, Bretaña, Escocia e Irlanda, por más de un tema en su compleja sinfonía etnográfica y folklórica" (L. y N. de Hoyos).
Bien es verdad que cualquiera de los citados países atlánticos conservan con más amor que Galicia su traje tradicional. Nosotros hemos visto en Bretaña, en las fiestas populares, lucir las blancas cofias, cuya variación es tan grande y al mismo tiempo tan concentrados los tipos en regiones que en algunas romerías, corno en la de Santa Ana de Auray, se conoce la procedencia de las bellas romeras, departiendo en grupos tribales, por las particula-ridades de su tocado, mientras que en nuestra tierra hace mucho tiempo que la bellísima cofia de encajes ha sido sustituida por el pañuelo y este, a su vez, desterrado para siempre sin sustituto.
Guardamos una pequeña colección de cofias, salvadas del escarnio carnavalesco y de la polilla de las viejas huchas, con sus tules bordados con gallos y flores campestres, rodeando estas por veces una a manera de custodia o viril de encantadora sencillez primitiva, que no ornaran más las cabezas de nuestras vírgenes aldeanas de las que eran gentil aureola. ¡Piezas de museo rarísimas sin posible revivificación!
Y como la cofia, el delantal negro bordado de abalorio, común a Bretaña y Galicia, de riqueza y vistosi-dad inigualables, que allí está en uso y que aquí ha caído en el olvido más lamentable.
El esquema del traje regional gallego conserva, a pesar de sus ligeras variantes, una homogeneidad notable.
En el hombre de tierra adentro, a monteira, de lana negra con vivos de bayeta de color para cubrirse; la almilla de lana blanca o de un color fuerte; la camisa de lino con botones caseros de hilo; el calzón de pardomonte con cirolas salientes; los borceguines de lana negra con vivos de rizo v los zapatos de correa, constituyen la indumen-taria de a cotío .
La indumentaria de fiesta varía en el más fino, no tan basto, paño; en más bordada y alta monteira; en el chaleco más recamado; en las polainas más compuestas y acaso en una faja en torno a la cintura, con flecos colgando al lado. Puede centrarse este arquetipo en Santiago y su comarca.
El del hombre de la costa se llega a más graciosos ornamentos personales, como el del uso de un pendiente de oro en una oreja como era acosturnbrado por los lobos de mar del viejo Marín.
Si en el Portugal miñoto escogiésemos como tipo clásico del vestir campesino al aldeano de la cuna de la nación lusa, Guimerãens, tendríamos un evidente paralelis-mo con el vestido masculino propio de Galicia, pues allí también luce camisa de linho da terra, sobre ella chaleco (colete) de peluche y sobre él chaqueta del mismo género, si bien adornada con alamares de plata; calzones largos de casimir, oscuros como las otras prendas, y rodeando su cintura una faja azul con flecos cayendo al lado. Se cubre con sombrero redondo, con vueltas en torno.
Pero donde la analogía es casi perfecta es en el traje femenino. Para Galicia escojamos también el tipo com-postelano de la Mahía, de Tabeirós, de Arzúa.... como más central y con más prendas de su atavío comunes con otras comarcas gallegas. Lo pintó Fierros en Ribadeo, lo dibujó Xumetra para la "Galicia de Murguía", lo diseñó Pradilla en Noya y sus alrededores... Son trajes de cierta severidad acaso impresa por el ceremonial de las fiestas solemnes compostelanas.
La blusa blanca de cuello de fino encaje de Camariñas o labrado por las palilleras de cada casa a las puertas de las viviendas aldeanas, con puños apretados del mismo adorno sutil; sobre ella el dengue colorado, bordado con abalorio negro formando bellas combinaciones; la falda amplia, de color fuerte; el mandil también bordado y atado atrás con lazo coloreado de largas ramas y, coronando como orla de espuma la cabeza, la cofia blanca de que atrás hemos hablado.
Poned sobre esto gargantillas Aureas de Padrón o collares de azabache de Santiago, largos pendientes afiligranados o medallas al pecho, o hebillas a la cintura de plata rica por su trabajo, y tendréis cl normotipo.
Por comarcas, podéis colocar las variantes del más moderno pano de oito puntas, de lana con florecillas mil, diminutas y de vivos colores, o el sombrerete de faena, de paja, con cinta negra en torno a la pequeña copa y dos caídas, particular de las mujeres de la ría de Noya.
Es muy conocido cl mantón bordado de las mura-danas, con peinado de largas trenzas unidas o de una sola hasta la cintura, con pañuelo de seda de cabeza, bien colocado en ésta, bien atado al cuello.
En el Portugal norteño, que ahora especialmente nos interesa, el más típico indumento de las mujeres lo constituye la llamada "moda minhota" con que se conoce al "traje â vianesa", esto es, al traje de gala de los alrededores de Viana do Castelo. Este traje, que presenta variedades según las diversas aldeas del concejo de Viana, surge en las ferias y romerías de la comarca y sus limítrofes, pleno de gracia y de luz. Los del contorno le llaman más propiamente "traje à lavradeira".
Tres tipos se distinguen del mismo dos de la costa marina y uno del interior. Todos los tres presentan líneas comunes con el traje gallego. Constan de camisa blanca; justillo estrecho, especie de chaleco que no alcanza siquiera a la cintura; mantón de fleco cruzado sobre el pecho, de color vivo, amarillo o rojo; saya a listas verticales, delantal bordado, medias blancas y chinclas.
La saya se diferencia de la de las gallegas en que es de color vivo de listas y corta, mientras que la nuestra es, de color liso y severo, pardo o negro, y más larga, También el lienzo o mantón cruzado sobre el pecho es más ligero y breve que el gallego. No se conoce la cofia en Portugal del Miño, y el dengue tampoco es prenda de uso.
El llorado amigo y notable investigador Claudio Basto ha dedicado sabias páginas a los trajes de la costa (Afife y Carreço, un tipo; Areosa, otro) así como a los del interior (Portucelo y Perre).
De los trajes "à lavradeira" el más simple es el de Afife y el más complicado el de Portucelo, pues en este se distingue el traje "vermelho" y el traje "azul", llamados asi por el predominio de uno u otro color, especialmente en los delantales, que son muy bordados con esos colores predominantes, aún cuando el trate "azul", por veces solamente, vaya acompañado de algún pequeño detalle de este color, como florecitas, pues es más bien un traje serio, grave y elegante, mientras que el "vermelho" es más encendido, más vistoso, más deslumbrador. Es semejante al traje antiguo de Perre el traje "azul" de Afife, pero el de Perre es más solemne todavía, ya que es todo é1 de color oscuro, mejor verdinegro, con mandil de terciopelo negro y pañuelo rojo y amarillo en la cabeza.
Un detalle es, característico de los trajes portugueses que no aparece en los gallegos: la "aljibeira" o "faldriquei-ra" que se lleva a la cintura bordada, generalmente recortada en figura de corazón.
También difiere el calzado, pues no encontramos en Galicia las graciosas chineles bordadas de las mozas portuguesas.
Nuestras mujeres también son más parcas en la ornamentaci6n de joyas, actualmente. No lo eran así en tiempos pasados, no remotos. En el Miño, Portugal, lucen las mozas verdadera ostentación en oro y plata. En Galicia, en el siglo XVII, hemos hallado que uno de los adornos más característicos de nuestras campesinas era cl "Agnus-Dei" en rnedallón colgado del cuello por gran cadena de plata. También han caido en desuso los grandes collares de azabache.
Estudiar al por menor el traje popular gallego actual y del pasado y establecer comparación con otros europeos es todavía hoy una desiderata que alguien debe satisfacer en el campo de la Etnografía peninsular.


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