Actualizado: 7/02/04

 

 

¿PORQUE NO EXISTE UNA INDUSTRIA DISCOGRÁFICA GALLEGA?

Autor: Ángel Varela
Fonte: La voz de Galicia. Suplemento Culturas. 31 de Xaneiro de 2004
Notas: -

La industria musical gallega está desaparecida en combate. Los artistas del país no venden. Los pocos sellos discográficos existentes se limitan a sobrevivir. A los empresarios del sector se les cuenta con los dedos de una mano. El noventa por ciento de los artistas que editan discos no viven de la música. Los profesionales de la empresa privada que trabajan en este ámbito intentan explicar una situación que nos remite al titular: ¿por qué no existe una verdadera industria discográfica en Galicia?

LAS VENTAS DE DISCOS

Para que exista una industria es imprescindible que se venda un producto, que en el caso de la música es el disco. Actualmente, las empresas editoras de artistas gallegos (estén radicadas en la autonomía o fuera) señalan que la media de venta de un músico gallego es de 2.000 compactos.

Un ejemplo. Mercedes Peón ha sido el último gran lanzamiento discográfico salido de Galicia. Distribuido por la compañía catalana Discmedi, la coruñesa ha despachado unos 5.000 discos. Tal como están los tiempos, todo un éxito que ha necesitado de un trabajo promocional, visible, por ejemplo, en los carteles del disco que se han pegado en las ciudades gallegas y en los elogios de publicaciones internacionales como Folk Roots. Y todo para vender 5.000 discos, de los que sólo 2.000 han sido comprados en las tiendas gallegas. «Eu penso que a media dun artista do país encóntrase nos dous mil discos, tendo en conta que hai moitos que venden 500 e os de moito éxito que chegan aos 5.000. Unha cifra de vendas como 10.000 é un bombazo», explica Óscar Domínguez, delegado en Galicia de la catalana Discmedi, que cuenta en su catálogo con Milladoiro, Mercedes Peón, Leilía, Os Cempes, Pepe Vaamonde e Irtio, además de ocuparse de la distribución de las referencias editadas por sellos discográficos como el ourensano Zouma Records o el coruñés Xingra.

Lejos queda el período comprendido entre 1995 y el 2000, cuando artistas como Luar na Lubre o Carlos Núñez superaban las 50.000 copias vendidas. Pero cinco mil discos también parecen pocos si nos remitimos a una cifra que nos ofrece Antón Varela, músico del grupo Os Cempés: «La grabación de nuestro penúltimo disco, que editó Boa Music bajo el título Circo Montecuruto, costó cinco millones de pesetas, y por cierto, después no se hizo casi ninguna promoción, por lo que esa inversión no sirvió de nada». Y es que si a esos cinco millones se hubiesen sumado otros dos en gastos promocionales (carteles, anuncios publicitarios, envío de material a los medios de comunicación, sueldo de la persona que trabaje en el departamento de promoción), con un éxito de ventas de cinco mil discos no se ganaría nada, ya que, de los 15 euros que como precio de venta al público estándar tiene un compacto, la compañía editora se lleva sobre 5 euros (el resto se lo reparten los gastos de distribución, la tienda y los impuestos). Si multiplicamos esos 5 euros por 5.000 discos, la cifra resultante es de 25.000 euros, todavía lejos de los más de 30.000 que puede costar el lanzamiento discográfico de un artista gallego en unas condiciones artísticas decentes. El resultado de esta situación es doble: los sellos discográficos pequeños editan pocos discos debido al alto riesgo económico y las grandes empresas multinacionales no apuestan por artistas del país (para una compañía importante, el beneficio económico comienza a partir de los 10.000 discos vendidos). Finalmente, la pescadilla se muerde la cola: como se vende poco, la promoción de los discos es escasa, lo que provoca que los compradores potenciales no se enteren de que existe ese producto en el mercado, y, como resultado, no lo compran.

LAS TIENDAS

«O gran público non vai as tendas pequenas. A xente compra os discos nas grandes superficies». Así de rotundo se expresa Óscar Domínguez, delegado en Galicia de Discmedi. El primer resultado negativo es que se pierden ventas debido al escaso contacto humano que se produce en los hipermercados, en donde nadie aconseja a un cliente sobre la compra de un disco desconocido pero de calidad, algo que sí sucede en una tienda pequeña. «Para frear esta situación, intentamos crear novos puntos de venda como as librerías ou as tendas de regalo, onde poderían ter cabida a música de raíz tradicional», explica Domínguez. Sin embargo, alguna ventaja traen a las discográficas las grandes superficies, ya que también permiten que alguien de Benidorm que pida un disco de Brath o de Milladoiro lo acabe consiguiendo. «Discmedi, por exemplo, ten dado de alta os seus discos nos ordenadores da maioría das grandes cadenas comerciales de España. Se alguén pide un disco de Milladoiro en El Corte Inglés ou en Alcampo vaino ter o día seguinte», señala Domínguez. Sin embargo, la masificación de las ventas provoca equívocos como que en la sección etiquetada como «música gallega» aparezcan discos de artistas vascos como Kepa Junquera. También sucede que el encargado de comprar la música de una gran superficie no conozca a los artistas del lugar en que está instalada su empresa, aunque Domínguez señala que también hay responsables de sección que aguzan el ingenio y, mediante argucias informáticas, ayudan a las empresas discográficas pequeñas.

Sin embargo, la realidad a veces se muestra en anécdotas como la protagonizada por Xil Ríos: al restaurante que el cantante tiene en Moaña acuden todos los veranos emigrantes para comprar discos y llevárselos a sus países de residencia. Es de los pocos sitios en donde encuentran sus compactos. Toda una metáfora.

LA EXPORTACIÓN

Con un panorama musical uniformizado por los superventas y con una Galicia que compra pocos discos (la media está en menos de un disco per capita al año, mientras que la de España está en la compra de dos compactos al año por habitante), la esperanza está en la exportación. Sergio Cruzado, responsable de promoción de Boa Music, señala que su empresa tiene en cada país un acuerdo con una distribuidora del lugar. «En EE. UU., por ejemplo, estamos asociados con Green Linet, lo que ha permitido que los discos de músicos como Susana Seivane lleguen a las tiendas de ese país y que ella haya tocado allí». ¿Y el mercado gallego? «Para cierta clase de música nos queda pequeño el español, así que imagínate el gallego. Por contra, si sumas las ventas de varios países de todo el mundo, consigues una buena facturación», añade. Quinientos discos en el Reino Unido, quinientos en Francia... acaban sumando unos miles de discos. Suficientes para sobrevivir, pero no para que exista un sector industrial en la música gallega.

 

VIVIENDO DE LA ADMINISTRACION

«En Galicia só hai media ducia de músicos que poidan vivir 6 marxe da Administración». Así de contundente se muestra Vítor Belho, responsable de Nordesía, un empresa cultural especializada en organización de conciertos y management de artistas. La situación que Belho dibuja sigue un esquema conocido, aunque este empresario no profundice en sus aspectos más concretos, pero que fundamentalmente consiste en que un músico o grupo consiga el presupuesto para seguir funcionando a base de tocar para Ia Administraclón, sea local o autonómica, durante el verano, y que en invierno su actividad sea mínima o inexistente. Esta actitud habla de una escasa profesionalización, ya que la mayoría de los que se suben a un escenario tienen un trabajo normal del que realmente viven.

Una de las consecuencias de este tipo de funcionamiento subvencionado es que, según Belho, «o noventa por cento dos músicos galegos non pensa en términos de industria, e habería que tomar conciencia de que somos unha industria». El responsable de Nordesía añade que sería necesario la realización deun Libro Blanco de la Música, en donde, según sus cálculos, se podría comprobar que el conjunto del sector musical factura más que, por ejemplo, el audiovisual, a pesar de que este último se ha organizado en asociaciones que sirven de interlocutoras con a Administración e incluso tiene sus propios galardones anuales (los premios Agapi). Frente a Ias lamentaciones de Belho, uno de los escasos empresarios de la música en Galicia, por la escasa conciencia de un mundo «moi unido ao plano ideolóxico, e pouco ligado ao industrial», también aparecen optimistas como Antón Varela, del grupo Os Cempés. «Pienso, y esto no es fruto de la vanidad, que una banda como la nuestra podría alcanzar ventas altas, pongamos de 15.000 dis-cos, si tuviésemos una campafia promocional adecuada. Y no lo digo porque seamos mejores o peores, sino porque tenemos conexión con el público». La necesidad de un mayor sentido del espectáculo también es reclamada por Belho - «para o músico sempre falla todo menos el mesmo»- que también reclama ayudas de la Xunta como las existentes en el País Vasco o Cataluña, en donde, por ejemplo, subvencionan los viajes de un grupo que vaya de gira al extranjero. «Porque iso serve para dar a coñecer un país», señala, aunque también resume de forma auto-crítica que «témos unha magnífica materia prima e uns nefastos empresarios musicais».

"OS QUE RESISTAN A ESTA EPOCA, SAIRAN REFORZADOS»

Eloi Caldeiro é un dos poucos músicos, é fundador e cabeza visible de Brath, que dou ó salto a empresa. A súa, Sons Galiza, ten previsto editar once novos discos durante o 2004, unha cifra moi alta dadas as circunstancias actuais, pero que non oculta a debilidade do sector, posto que a compañía de Caldeiro é o principal referente industrial no mundo musical galego. Este empresario tamén é o presidente de Agafóno, a asociación que reúne aos cinco selos discográficos do país: Sons Galiza, Zouma Records, Clave, Cumio e Xingra, e un dos impulsores da distribuidora galega Inzo.

- ¿Por que non se venden os discos dos músicos galegos?
- Hai varias razóns, entre as que están o escaso apoio dos medios de comunicación à hora de emitir programas de música galega. Os franceses e ingleses, por exemplo, teñen unha cota de emisión destinada a súa música. Taméri faría falla que houbese máis campañas institucionais que animasen à xente a que comprase música galega. Outro factor a ter en conta é que Galicia, por poboación, correspóndelle o seis por cento do mercado español, é iso non émoito.

- Pero o que está claro é que non se demostra que haxa un público en Galicia para a música que se fai aquí.
- Está claro que hai unha maior conciencia do público en lugares como Cataluña, onde ademais tamén existe un maior poder adquisitivo que facilita máis inversión na cultura propia.

- ¿Pero, à parte dos problemas propios que poida ter o contex-to galego, vostede pensa que os xestores privados da música galega traballan da maneira máis axeitada en comparación, por exemplo, cos seus colegas cataláns, vascos ou andaluces, por falar doutras tres comunidades a expresión musical marcadamente propia?
- Penso que non temos nada que envexar en medios técnicos e de distribución a compaflías deses lugares. Outra cousa son as compaiñas multinacionais que xa deixaron de apostar hai uns anos por lanzar artistas galegos. O que pasa é que si é certo que estamos nunha época de transición, na que as empresas que resistan, sairán reforzadas.


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